¿En la tierra o volando?

Aprendizaje del día, después de una charla inspiradora que escuché: cuando uno se encuentra con un pie en la tierra y otro en el abismo, el universo hace de las suyas para ayudarte a tomar las decisiones correctas, juntar coraje y saltar.



Últimamente tengo tantos pensamientos, sentimientos e ideas rondando en mi cabeza, que parecen globos. Lo único que me hace falta es agarrar a los que valgan la pena, atarlos a la misma soga y llevarlos en la dirección que yo quiera. Me gusta la analogía del globo, así que voy a seguir con esa.


En esos momentos en que hay tantos globos rondando alrededor de uno, los #miedos y las barreras generan inestabilidad que los dejan volar sin uno volar con ellos, haciendo que nos quedemos, quizás, agarrados de un solo globo que nos mantiene el cable a tierra, pero no es necesariamente el que nos hace más felices. Pero cada tipo de globo tiene características diferentes que, según la importancia que le demos a cada uno, dependerá de cuán alto volemos o cuán atados a la tierra estemos. Los globos de pensamientos. Los #pensamientos a veces son los más traicioneros por el simple hecho de estar atados a la mente, que es el arma más poderosa con la que contamos. Hay pensamientos que pueden estar atrapados en la cabeza de uno durante años, pensamientos superfluos que se van en el mismo instante en que aparecen, y pensamientos que dan lugar a que uno pueda discriminar, de la mano de los sentimientos, para tomar las decisiones correctas. Un pensamiento puede morir fácilmente cuando es iluminado por una verdad o reemplazado por un cambio de percepción. Pueden ser tan fluctuantes según el contexto y las vivencias propias, que no tiene sentido apegarse a ellos. Mientras la mente humana no hace más que llenarse de pensamientos, no hay nada más valioso que practicar mantenerla en estado de quietud. Si pensara, paradójicamente, qué es lo que me ayuda a tener mejores pensamientos y a no tener pensamientos, diría que hay que reconocer el patrón de comportamientos que lleva a lograr ese cometido. Toda práctica que uno lleve a cabo para tener mejores pensamientos y para también “dejar de pensar”, no llevan a otro lugar que a mayor #paz interior. Como todo, es un camino de aprendizaje y hay miles de caminos que llevan al mismo lugar. A mi me sirve hacer lo siguiente para lograr tener sólo pensamientos que valgan la pena: Hacer yoga a la mañana y en ayunas. Siendo la primera actividad del día, es la mejor manera de aprender a “poner a la mente en su lugar”, despertar la #conciencia de uno y no dar lugar a pensamientos inútiles. El #yoga te ayuda a tener más claridad mental al tener conciencia del propio cuerpo, de la energía del mismo, y del lugar que juega la mente en nuestras vidas. Empezando el día así, y haciendo foco en los pensamientos útiles, el día se aprovecha mejor.


Determinar importancias. Cuando uno se da cuenta de las cosas que realmente le son importantes en la vida, uno empieza a reconocer cuáles son los pensamientos o personas que te alejan de lo que consideras importante. Puede que después de años de amistad, uno se tenga que alejar de personas por el simple hecho de no compartir prioridades de importancia en la vida, y de esa manera, el comportamiento de esas personas de repente se vuelve irrelevante para uno. ¿Significa que hay que pelearse? No ¿Significa que vas a menospreciar a la otra persona? Tampoco. Es solo tomar distancia de las personas con las que no compartimos “qué es lo importante”. No sólo de ellos hay que alejarse, sino también de quienes son pesimistas y sus intenciones, por más que no sean claras en un principio, tengan malicia por detrás. No van a aportar nada a la vida de uno, y tarde o temprano pueden terminar afectándote, así que más vale prevenir, que curar. Con el mismo criterio, no tolero ver noticieros ni diarios. Si cada uno construye “la realidad”, ¿qué sentido tiene ver, oír y dejarse influir por una “realidad” manipulada por tantos factores y personas?. Pueden pasar mil cosas en el mundo, pero uno debe fijar prioridades sobre qué es lo importante para “su realidad”, en vez de llenarse de estímulos que pueden generar desvíos.


Practicar gratitud, sobre todo con uno mismo. Este es uno de los que más me cuesta por el hecho de ser extremadamente autocrítica. La gratitud tiene un poder y un potencial enooooorme, pero uno es consciente de eso sólo una vez que lo empieza a poner en práctica. Gratitud es tan simple como dar las gracias. A los demás, a uno mismo y a Dios o al universo, como quieran llamarlo. ¿Cuántas veces por día le decimos gracias a alguno de esos tres actores? Hay que practicar la gratitud. Está científicamente comprobado (?) que si lo primero que uno hace en el día es dar las gracias, ya por el simple hecho de despertar y de saber que hay un día adelante lleno de oportunidades para hacer de ese día, lo mejor, el día efectivamente va a ser mejor. Hay que agradecer más, por todo. Estar en un ecosistema, por ejemplo de trabajo, donde uno da por sentado que hay cosas que tienen que hacerse porque “es así”, y no por eso debe dar las gracias, a veces disminuye la posibilidad de ser grato. Pero si uno empieza a ponerlo en práctica más seguido, predispone mejor a aquellos que lo rodean y uno se siente mejor también. Como una rueda, mientras uno más agradezca, más cosas gratas le van a seguir pasando a uno. Incluso por las fallas, errores, y “desgracias”, uno debería estar agradecido. Está bien que a veces hay que dar lugar a la decaída normal que sobreviene algún malo episodio, pero la riqueza se encuentra en ser agradecido por eso y sacar la mayor cantidad de aprendizajes posibles.


Ver la esencia con claridad. ¿Cuáles son los valores de base que son importantes para uno y no van a fluctuar, pase lo que pase? Hay que reconocerlos y conservarlos de la misma manera en que El Principito conservaba a la rosa, porque son súper preciados pero a la vez frágiles. Hay que mantenerse fiel a esos valores y tomar decisiones en base a ellos, sin tomar en cuenta cuánto el resto pueda llegar a pensar o juzgar, porque es la única manera de mantenerse fiel a la esencia de uno y caminar por el camino “correcto”.


Los globos de sentimientos. Son los que más potencial tienen de sesgar y moldear a los pensamientos. Los sentimientos son algo imposible de controlar. Uno simplemente siente, le guste a la mente o no. El problema viene cuando uno se identifica tanto con esos sentimientos, que permite que puedan llegar a generar sufrimiento, lo que deviene en una cadena de pensamientos que no hacen más que hacer girar la rueda hacia atrás y hasta estancarse en cualquier pozo que aparezca. Los sentimientos son un terreno complicado, pero de la filosofía de #Vedanta me quedó resonando mucho la identificación que tiene el ser humano entre el cuerpo y la mente. A veces nos identificamos con los sentimientos y emociones a tal punto que dejamos que se adueñen de uno mismo: “Yo estoy triste”. ¿Quién es yo? ¿Jessica, de 22 años, graduada de Publicidad? ¿Soy un nombre, una edad o un título universitario? No. La vida es un proceso de llegar a descubrir a la conciencia que se encuentra detrás de todos esos condicionamientos y factores que le hacen a uno pensar que uno es quien es. En ese proceso, uno va descubriendo pautas sobre cómo vivir, que enseñan qué perspectiva de la vida uno tiene que tomar, para tener sentimientos pero no ser afectados por ellos. Si pensara ahora, cómo mis sentimientos me afectan un poco menos de lo que solían hacerlo, diría que los siguientes puntos son fundamentales: Escuchar al cuerpo. A veces me cuesta reconocer o asumir mis sentimientos, y eso puede ser tan perjudicial para uno que cuando no hay claridad en cuáles son los sentimientos que uno tiene, entonces la conciencia se lo pasa a la mente, y si la mente tampoco lo ve, se lo pasa al cuerpo, lo que significa que te enfermas. Cada molestia, dolor o tensión, estoy convencida de que se origina en un plano espiritual, mental o psíquico, pero no soy quien para dar una clase de medicina oriental. Lo único que puedo afirmar por el hecho de haberlo experimentado, es que cuando uno es consciente de cómo el cuerpo se relaciona con la mente, es más fácil entender por qué tenemos las molestias que tenemos, y si uno resuelve el problema principal (desde charlas pendientes hasta frustración, decepciones y miedos), el dolor o molestia se va.


Déjalos ser. A veces los sentimientos chocan con lo que la mente dictamina, y por estar “bien” o “mal”, uno los reprime, siendo eso lo peor que se puede hacer. Reprimir un sentimiento es lo mismo que poner agua en una olla a presión, tarde o temprano va a salir de alguna manera, y lo más probable no es que se evapore, sino que se manifieste físicamente. Si uno siente algo, hay que aceptarlo y convivir con ello. Puede ser alegría, angustia, libertad, decepción, lo que sea. Los sentimientos van a venir como si fueran el caudal de un río, y van a seguir su rumbo. Uno tiene que ser una gran piedra en el río, donde el caudal puede venir e irse, pero uno ahí queda, intacto. El punto esta en cerciorarse de que uno sea una piedra y no un barco, porque cuando uno es un barco, los sentimientos te van a llevar a donde quieran, y puede que lleven a un buen puerto, o no, pero siempre va a ser más inestable ser un barco que una piedra en un río.


Buscar los estímulos correctos. “Sentirse bien” suena simple, y lo es, pero muchas veces dictaminamos sentirnos bien por inercia más que por honestidad. Si uno sabe qué cosas le hacen bien, hay que hacer más de esas cosas. Si uno no sabe qué cosas le hacen bien, hay que hacer muchas cosas totalmente diferentes entre sí, y discriminar entre las que mejor le hagan sentir a uno. Si te hace sentir bien escuchar música, hacelo. Si te hace bien quedarte durmiendo en tu casa cuando el resto hace otra cosa, hacelo. Hay que hacer lo que te hace bien, le guste al resto o no. Tan simple como eso.


Los globos de las ideas. Las ideas son lo más volátil de todo. Para que aparezcan, hay que darles lugar, y para darles lugar hay que aprender principalmente a no juzgar, y dejarlas aparecer en forma de pensamientos, sin reprimirlos. Si hay algo que valoré en mis años de estudio de publicidad es el potencial de las ideas. Una gran idea puede generar campañas que salven vidas, por ejemplo. Pero las mejores ideas sólo vienen cuando encuentran el lugar y momento apropiado. Hace un tiempo leí un libro que está bueno, se llama “Ágilmente” de Estanislao Bachrach, y habla de cómo funciona el cerebro, de cómo estimularlo, y de técnicas para generar #ideas, súper interesante. Sobre cómo generar buenas ideas, podría decir que mis experiencias con el planning me marcaron bastante, y hoy en día, para generar ideas, hago lo siguiente: Entrar en el mood. Hay que generar un ambiente propicio para que las ideas vengan. Por ejemplo, ahora que estoy en #India, cuando tengo que pensar algo importante para el trabajo, me genero una burbuja musical con canciones instrumentales de cítara y tabla, me preparo un té, y después de haber investigado sobre el tema pertinente, empiezo a bajar en un papel todo lo que me venga a la mente. Poner las cosas en papel, sirvan o no, siempre te ayuda a tener más claridad mental y hace relucir a las mejores ideas, para que uno las elija y les de forma.


Intentar poner la mente en blanco y dejar que caigan cosas. Está medio mezclado con meditación, así que si uno está familiarizado en el tema, le puede ser más fácil. Es simplemente tratar de callar los pensamientos usuales que no dejan a la mente tranquila, concentrarse en el “problema” o hueco que la idea debería llenar, y dejar que percepciones, colores, imágenes, o lo que sea, caiga sin ser censurado. Hay que quedarse con los que más le resuenen a uno y luego darle la forma que necesiten.


Explorar. Los distintos tipos de estímulos siempre van a contribuir a que en un futuro uno tenga más y mejores ideas. Ver películas viejas, leer cosas que uno no leería, escuchar música desconocida, además de lo que uno usualmente haría, pueden despertar sensaciones desconocidas en uno, que, quién dice, podrían generar nuevas ideas.“Innovar se trata de tomar las cosas existentes, juntarlas y generar algo nuevo”. Hay tantas maneras de generar ideas, como de personas en el mundo. No hay una mejor o peor manera de generarlas, sólo hay maneras que le sirven a uno y otras que no. Bajo mi punto de vista, vale la pena explorar tantas técnicas como sea posible.


Para concluir, uno siempre va a tener globos en forma de pensamientos, sentimientos e ideas. La cantidad que uno elija tener de cada uno, va a determinar el peso que tenga el conjunto en sí, siendo responsabilidad de uno elegir cuál es el balance que va a establecer para mantenerse en tierra o despegar los pies y volar. ¿De qué globos llenarse? Eso es cuestión de introspección. Quizás pienses en cuáles te convienen, sientas cuáles te guiarán mejor, o tengas una buena idea para responder esa pregunta.

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© 2018 by Jessica Oyarbide.