Amanecer un día más

“Hemos amanecido un día más” decía mi abuelo cuando le preguntabas cómo estaba. Parece algo cotidiano, pero no por eso es menos importante. ¡Has amanecido un día más!, un día lleno de horas, minutos, segundos, para que honres la vida.

El miedo a la muerte es quizás uno de los miedos más compartidos por todos los seres humanos. La única certeza con la que nacemos es que vamos a morir, y sin embargo, frente a este hecho tan cierto, entramos en pánico. Nos aferramos a la vida y pataleamos frente a la posibilidad de que en un segundo, pasemos a otro plano de existencia. Y es que en realidad lo que nos asusta no es quizás morir en sí, sino la incertidumbre, la profunda intriga de no saber qué pasa después. ¿Sufriremos?¿Nos alegraremos?¿Estaremos en paz?. Quizás nos asusta más el dolor de quienes quedan, que no saber cuál es el próximo paso de nuestra alma.


Los tibetanos dicen que morir no es más que un hito dentro de la larga vida de nuestra alma. Morimos y nacemos infinitas veces. Sólo tomamos prestado este cuerpo durante un tiempo determinado, y tenemos la posibilidad de jugar al juego de la vida con un reloj que marca el pulso de los minutos que tenemos para respirar. ¿Y qué hacemos durante esos minutos, esas horas, esos días, meses, años, que tenemos de regalo? Eso es lo que realmente cuenta.


A veces la vida nos pone en frente del abismo para pegarnos una sacudida y decirnos “¡ojo! Acórdate que esto no es para siempre, ¿qué vas a hacer con el tiempo que queda?”. Para algunos serán segundos, para otros días, para otros años, y realmente lo que importa no es la cantidad de tiempo que tengamos, sino la calidad del mismo. A veces despertar es duro, pero es la única forma de darnos cuenta de que hay otra forma, hay otro camino, hay un mapa para ir hacia adentro, al que solo podemos acceder cuando nos permitimos despojarnos de lo que no somos.


¿Cuánto tiempo más vas a esperar para hacer lo que amas?¿Cuánto hace que no perdés la noción del tiempo y espacio haciendo eso que tanto disfrutabas?¿Cuánto más vas a esperar para ir a ese lugar que tanto te llama la atención?¿Cuánto más vas a esperar para cambiar de hábitos y nutrir realmente a tu cuerpo, que es tu único templo en esta Tierra?¿Cuánto vas a esperar para decir aquello que no te animas a hablar?¿Cuánto tiempo más tiene que pasar para que vivas fiel a tu versión más genuina y no a lo que esperan de vos?


La muerte no es lo que nos libera, lo que realmente nos libera es perder el miedo a la muerte. Dejar atrás todas aquellas cosas que no nos animamos a ser y hacer por miedo al qué dirán. Ponerle fecha para lanzarnos a todo aquello que anhelamos hacer cuando tengamos tiempo. Vivir cada día con la mayor gratitud posible, y honrando cada minuto de vida como si fuera sagrado.


No importa tanto cuándo termina tu historia, importa lo que sos y haces hoy. Importan los saltos de Fé, los cambios radicales, las decisiones que tomas para vivir fiel a tu esencia, lo que haces pura y exclusivamente por placer. Importas vos. El miedo quizás no se va a ir, y la clave por ahí no está en intentar perderlo, sino en hacer a pesar de él. Que pase a ser un amigo que te recuerde que cada día cuenta, que lo que haces hoy vale, y que hoy tenes, una vez más, la posibilidad de cambiar el curso de tu historia.


Has amanecido un día más. ¿Qué vas a hacer con él?

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