Vivir en familia

Es domingo, son las cuatro de la tarde, llueve y estoy tomando mate mientras escucho Eiti Leda. Mato por que aparezca un alfajor en mi alacena, pero me conformo con la caja de Butter Toffees que podes encontrar en el “mercado”. A veces hacen falta estos momentos de reafirmar las raíces, que no distan mucho de un domingo de lluvia en mi departamento en buenos aires. Estoy lejos pero me siento como en casa.

Ya no tengo una, sino tres familias postizas que son parte de las razones por las cuales disfruto vivir acá. Mi familia de hacer locuras y hacerme doler la panza de la risa cada vez que salgo, mi familia de roommates y mi familia del trabajo. Mi familia de locuras creo que es el camino más directo para obtener un sello de “deported” en la visa. La historia empezó cuando nuestro papá conoció a nuestra mamá en Latinoamérica, tuvo una hija argentina y otra colombiana. Antes de que mamá nos abandonara, vino a India, tuvo un hijo indio y otro afgano, y se fue sin avisar. Nos dejo un tío y otra hermana francesa que más tarde nos enteramos que teníamos, una abuela en Argentina, y un primo segundo mitad francés, mitad africano. El abandono es la excusa de nuestro comportamiento. Asumimos que tenemos problemas, pero no más que los de las personas que realmente creen parte de la historia.


La familia de F-18, nuestra casa, es la familia de catarsis, apoyo moral, y malcriada compartida. El cartel de bienvenida que dice “Visitors welcome, enter at your own risk” dice absolutamente todo. Una manada de mujeres de distintos países, que todavía lloran mirando Titanic, custodiadas por el hombre de la casa, que esta curado de espanto. Amamos nuestra casa, es la perfecta combinación entre buen lugar y buena compañía.


La familia del trabajo es la que más nos cuida y previene de todo. A sus ojos, somos un par de extranjeras locas que se vinieron a la otra parte del mundo con ambiciones grandes y ganas explorar hasta los lugares más recónditos. En sí, no están tan errados. Los hemos asustado varias veces, pero por suerte ya no se espantan tanto de las cosas que les contamos que hacemos y nos aceptan y quieren así. Nos encanta practicar hindi con ellos, no tanto por nosotras, sino porque es demasiado gracioso como se sorprenden cada vez que lo intentamos. El idioma es una barrera grande con algunas personas, y cuando uno demuestra interés por el idioma ajeno, la gente se abre de manera diferente. Nos divertimos y entendemos demasiado en la oficina, y eso hace que todos los proyectos fluyan con sinergia, y disfrutemos de lo que hacemos. Además el hecho de tener la posibilidad de estar en una Start Up que hace negocios online y en el campo de la mitología de la mano del espiritualismo, te da oportunidades de crecer, tanto personal como laboralmente, al ritmo en el que crece todo en internet.


En fin, vine sola y en ningún momento sentí estarlo. Cuando uno conecta con el lugar y la gente, todo lo demás se va dando como se tiene que dar. Las dificultades de cada día y las cosas que te pueden llegar a molestar, pierden magnitud cuando se miran en perspectiva. Si hay algo en lo que varios estamos de acuerdo es que la gente no viene a India, sino que India atrae a la gente. Lo que aprendas y vivas, va a depender de la predisposición que tengas y situación en la que estés. Hay solo dos opciones cuando se trata de vivir acá: o lo amas, o lo odias. Y por alguna razón, todos los que congeniamos en la primera opción, conectamos tan bien entre nosotros, que los lazos que se forman son súper intensos, independientemente de nuestros orígenes, nuestro mindset, o nuestras razones para estar acá.


#vivirenIndia #India #Delhi

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© 2018 by Jessica Oyarbide.