Vienna, entre sinfonías y sorpresas

Vienna me dio la bienvenida bajo la lluvia. Con la mochila al hombro y una sonrisa en la cara salí a buscar alojamiento. Una vez habiendo dejado todo en el hostel que encontré, salí a explorar y me encontré ni más ni menos que con una muestra de arquitectura con fines sociales. Claramente con Vienna arrancamos sintonizando bien.

Como de costumbre, sin rumbo fijo, salí a explorar por ahí. Feliz de ir caminando bajo la lluvia, encontré una gran catedral. Adentro había una exposición sobre la revolución sexual bastante polémica. Una declaración de libertad y aceptación de lo diferente pero igual, que llamaba a quitar las caretas expresándolo en una escultura sacándose la piel dejando al descubierto sus músculos. Ok.


En un estado reflexivo seguí caminando bajo la llovizna y de casualidad me topé con la entrada a la ciudad de la música. En un lapso de 5 segundos te transporta a los años 1700, hay carrozas con caballos yendo y viniendo, señores vestidos de época invitándote a distintos conciertos y fachadas antiguas que parecen sacados de una película antigua.



Entré en la ciudad de la música y sentí una sinfonía familiar, así que me dispuse a seguir el sonido para ver de dónde provenía. Caminando llegué al jardín de rosas más increíble que alguna vez haya visto. Centenares de rosas de diferentes tipos y colores, un aroma que envuelve todo el ambiente y personas metidas entre las plantas respirando los distintos aromas con una gran sonrisa. No sentí más que una inmensa gratitud de estar ahí en ese momento, en ese jardín tan increíble con una sonata de fondo y el arco iris cruzando en el cielo.

Como si eso fuera poco, de causalidad (porque no creo en las casualidades) me enteré de que justo ese día, la filarmónica de Vienna daba un concierto gratis en el palacio de Schonbrunn. ¿Cuántas veces en la vida uno tiene la posibilidad de presenciar algo así? Realmente fue un regalo impresionante que me emocionó desde lo más profundo. Miles de personas disfrutando de la más exquisita música clásica a la luz de la luna. ¿Qué más se puede pedir?


Entre las paradas obligatorias de Vienna también se encuentran la casa de Mozart, el Palacio de Belvedere, que tiene la famosa obra “El Beso”, absolutamente increíble y conmovedora, y el Museo Albertina, que alberga una exquisita serie de colecciones de Picasso, Matisse, Monet y Klimt, entre otros. Vienna definitivamente es una ciudad obligada en la lista de viaje para todo aquel fanático y apreciador del arte en cualquiera de sus formas.

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© 2018 by Jessica Oyarbide.