Umang, desarrollo rural

Lo bueno de vivir en una casa con 10 personas de distintos países, con distintos intereses e historias es que siempre siempre hay alguien que se prende a cualquier plan. Parte de mi investigación sobre Empresas Sociales y Comercio Justo consta en visitar distintas organizaciones para comprender desde el campo cómo funcionan y qué impacto generan en las comunidades en las que inciden. Umang es una Empresa Social certificada en Comercio Justo que me llamó mucho la atención desde un principio y cuando conocí a sus dueños me terminé de enamorar. Está en Ranikhet, una zona de montañas en el norte de India, así que antes que ir sola a hacer la visita, invité a mis compañeros de casa.


A la mitad de la casa le copó el plan así que reservamos 6 asientos de colectivo y salimos. Viajamos toda la noche y amanecimos entre curvas y contra curvas, cambiando de aire y de panorama completamente. Para llegar a Ranikhet tuvimos que buscar un taxi que nos llevara porque no es un lugar para nada turístico, así que ni bien encontramos uno salimos, pasando por hermosos paisajes de cosechas, ríos, distintos matices de verde y una sensación de calma y paz que se encuentra al salir de toda ciudad. En el horizonte y escondiéndose entre las nubes se veían los majestuosos picos que conforman los himalayas.



Llegamos a un hotel local que nos recomendó el encargado de nuestra visita a Umang y nos encontramos con un atardecer increíble, con vista al valle y las montañas resguardando desde su inmensidad y quietud. Eramos los únicos inquilinos del hotel así que recibíamos la misma atención que una mujer embarazada. Nos dijeron en el hotel que la noche era hermosa porque se veían todas las estrellas, así que nos ofrecieron llevar colchones al techo para que miráramos la inmensidad del cielo. La brisa fresca de las montañas frotaba nuestras narices, pero los corazones llenos de esa increíble sensación de inmensidad, compensaban todo frío.



Frente a nuestro hotel estaba uno de los centros de producción y venta de la organización. En un enorme galpón cocinaban y envasaban los chutneys y pickles hechos con verduras orgánicas cultivadas por granjeros locales. Allí se envasan, etiquetan y almacenan hasta que llega la hora de entregarlos para la venta. Un intenso aroma especiado invadía el galpón, no recomendado para ir con hambre. En el local venden varios de los productos que elaboran, además de los chutneys y pickles había mermeladas orgánicas, tés, especias y productos de lana, que elaboran los mismos granjeros cuando no es época de cosechas.


De la aldea para las aldeas

Una vez que terminamos de hacer la visita (y comprar varias cosas) nos buscó Sunita para seguir con nuestra visita en otro de los centros de producción cercanos. Sunita es una mujer que proviene de una familia rural muy humilde y nos contó orgullosa cómo pasó de acercarse a la organización para ver de qué podía trabajar a estar al mando de los distintos centros de producción que generan oportunidades para cientas de familias. "Si todos hacemos un poquito más de lo que creemos que podemos hacer, podemos mejorar el mundo" nos dice.


Gas de reciclaje

La primera parada fue la casa de una familia que trabaja junto a Umang, en donde estaba instalada una cámara de biogas a la cual se le tiran todo tipo de residuos orgánicos, incluyendo la bosta de los animales de granja y ello produce metano. La cámara está conectada directamente a la cocina de la casa y ello alimenta las hornallas, una pequeña estufa y también genera luz. El costo de un sistema así es de aproximadamente 500 USD, que lo cubre 1/3 la familia, 1/3 el gobierno y 1/3 una fundación que desarrolló Umang para poder conseguir fondos para este tipo de iniciativas. Una solución que aparenta ser simple genera múltiples beneficios e impacto en una familia. Se reduce el tiempo que las personas pierden buscando madera o generando panes de bosta para quemar y cocinar o calentarse, mejora muchísimo la salud al no estar aspirando gases tóxicos, se recicla gran parte de lo que se consume y ese nuevo tiempo con el que se cuenta, se puede utilizar para tareas productivas.



Empoderar para transformar

De la casa seguimos hacia el centro de producción. En un área un grupo de mujeres reía mientras rompían nueces y las empaquetaban al vacío. Otra mujer llenaba jarros con miel, otras secaban especias y frutas al sol, pero por sobre todo, se veían semblantes alegres, felices. Una distancia abismal cuando uno compara con otro tipo de empresas que pueden estar elaborando lo mismo, pero en distintas condiciones. En la oficina nos cuentan que Umang realizó acuerdos con varios granjeros de la zona para que separen parte de su producción y la mantengan sin pesticidas ni fertilizantes. Todo lo que se comercializa es orgánico, yo no soy experta en el tema, pero el sabor de todo era realmente increíble.


Los granjeros producen las materias primas y las llevan a los centros de producción para separar y empaquetas, pero también se involucran con las distintas submarcas que la organización comercializa. Cada uno es parte de la misma desde diferentes lugares y forman parte de los procesos de toma de decisiones. Trabajan con más de 3000 granjeros, muchos de los cuales vivían en condiciones de pobreza y han logrado salir adelante gracias a las nuevas oportunidades que se generaron.



Las mayoría de las #EmpresasSociales certificadas en #ComercioJusto en #India, no se conforman con enfocarse en una sola problemática para abordar y solucionar, sino que toman al desarrollo comunitario como camino hacia el desarrollo sustentable. Umang generó modelos de comunidades con soluciones a las que se acercan las personas de aldeas cercanas a observar y adquirir los diferentes servicios que brindan. Con sus soluciones centradas en sus clientes o beneficiarios, están logrando que miles de personas mejoren su calidad de vida y puedan cambiar el futuro de las generaciones por venir.


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© 2018 by Jessica Oyarbide.