San Francisco, but please don't call it Frisco

El paraíso y la desgracia hippie. La libertad y la prisión. La música y el silencio. Lo limpio y lo sucio. Los oficinistas y los mendigos. San Francisco se asegura de tener un poco de todo. Un poco de aire de aquella época de “amor libre”, sexo, droga y rock n roll, y un poco de aire de ciudad de moda, cuna ideal para empresas jóvenes con ambiciones grandes como Twitter, Spotify, Google y tantas otras. Bañando las costas del pacífico y plegando la ciudad de incontables paisajes y puntos para sentarse a observar el mar, es una ciudad que entretiene tanto a las piernas caminantes que sólo pagas las consecuencias estando horizontal. Caminar más de 30 km en dos días no se los lleva cualquier ciudad. 

Algo que me llamó soberanamente la atención fue la cantidad de personas viviendo en la calle, hablando sola, gritando, cantando, rascándose. Centenares de almas perdidas. Centenares de consecuencias pagadas por una época de descontrol y desmesura, donde las drogas se tomaron el trabajo de quemar los cerebros de una gran cantidad de personas que hoy en día pagan las consecuencias arrastrando sus vidas entre la libertad de la calle y la prisión de su ser.

San Francisco tiene un dejo de “loco lindo” que no es tan fácil de encontrar. Lleva en su historia revueltas y revelaciones que se han convertido en revoluciones en más de una ocasión. Desde el nacimiento del hippismo hasta los primeros movimientos de reconocimiento de derechos para personas gay, en San Francisco pasó de todo. Todavía se ven comunidades de personas que viven en la calle pregonando la vida en comunidad, compartiendo todos juntos su espacio en el parque Golden Gate Park, que en su momento tuvo el honor de contar con recitales de personajes como Jimi Hendrix, Janis Joplin, Neil Young y Bob Dylan, entre tantos otros. El parque todavía tiene un dejo de rock en las copas de sus árboles y un ambiente sin igual, que tiene la capacidad de transportarte a los años ’60 e imaginar la cantidad de protestas anti-guerra y jóvenes bailando desacatados experimentando con cualquier tipo de drogas que se les cruzara en el momento.


Las calles de Haight-Ashbury todavía albergan cientos de grupos de personas con camisetas teñidas e incluso familias, cuyos hijos ya son parte de un clan de rock y vida en la calle que difícilmente vaya a cambiar. Las calles rememoran a quienes marcaron la historia y para aquellos que se niegan a vivir una realidad sana, hay todo tipo de artefactos y químicos que se venden libremente en locales oscuros con vidrieras plegadas de dibujos psicodélicos y polvo. Un intento de mantener viva la primavera de 1967 cuyas consecuencias se notan en las caras caídas, de ojeras marcadas y miradas perdidas. 


Otro lugar interesante de San Francisco es sin duda "The Castro”. Un barrio nombrado tras un teatro español muy característico, que es uno de los barrios gay más grandes que hay. Uno de los primeros en recibir a todos aquellos marineros de las Fuerzas Americanas que, tras varios meses en altamar, no podían dejar de experimentar la falta de mujeres con sus compañeros y eran abandonados en el puerto, lo que significaba una gran humillación en la época y al no poder volver a sus pueblos por la presión social que se generaría, se quedaban en San Francisco y comenzaban una nueva vida. De a poco, todos aquellos excluidos por la misma razón comenzaron a aglomerarse en ese barrio y a formar un movimiento alternativo que pregonaba abiertamente sus valores y preferencias sexuales. Se comenzaron a abrir negocios con nombres como “Does your mother knows?” (¿Tu mamá ya sabe?) que marcaban un quiebre entre los conservadores que no aceptaban lo que estaba sucediendo y compañías de salud que comenzaron a tratar a las primeras personas que presentaban AIDs, ya que los políticos ignoraban la existencia de las mismas y se negaban a brindar un servicio de salud que las tratara. No fue hasta que Harvey Milk se declaró gay abiertamente que se comenzaron a reconocer derechos y beneficios que mejoraran la calidad de vida de todos aquellos que estaban en la misma situación. Una película que amplía sobre el tema es “Milk”, no la vi todavía pero habla mucho sobre el surgimiento del barrio y los movimientos LGBT de la época.

En el otro lado de la contra cultura está el barrio Mission District, que en constante cambio, ha sido lugar para distintas comunidades sobre todo latinas y hogar de cientos de artistas y muralistas que adornan las calles y callejones con sus obras. Hay un lugar en particular que me pareció fascinante y se llama “La casa de las mujeres”. El primer centro operado por mujeres de la ciudad, que trabajan por la equidad entre géneros, la auto determinación y la justicia social. En un mundo machista y patriarcal les era imposible a las mujeres conseguir un lugar para reunirse y poder generar eventos y conferencias ya que por el simple hecho de ser mujeres, les denegaban los lugares, de modo que en el año 1971 un grupo de mujeres visionarias inauguró este lugar para incubar diferentes proyectos liderados por mujeres y hoy en día es sede de distintas organizaciones lideradas por mujeres y generan diversos eventos y conferencias. Honran y reconocen a miles de mujeres activistas y artistas que han dejado huellas a lo largo de la historia. En su exterior posee un mural increíble hecho con colores vibrantes que reconocen todos los años de historia y las mujeres influyentes en el movimiento, muchas de ellas de orígenes aborigen.

Entre barrio hippie, barrio gay, barrio latino, barrio chino, barrio financiero, barrio de start ups y alguno que otro más, San Francisco cuenta una historia distinta y cargada de emoción y sucesos en cada paso. Una ciudad con muchas almas, de esas a las que vas y no volvés igual, sino que te impacta de alguna manera.

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© 2018 by Jessica Oyarbide.