Om Shanti @ Rishikesh

En un intento de escapar de los 45 grados de promedio que están haciendo en Delhi, todo el plantel de Kailash Hills (mis roommates y yo), se fue a pasar el fin de semana a Rishikesh. Después de casi 8 horas de viaje, para hacer 230 km, llegamos a la capital mundial del Yoga en el día del cumpleaños de Buddha.

En las calles te sentís el camarógrafo de un documental de Discovery Channel. La ciudad está repleta de Yoguis en túnicas naranjas viviendo en las calles. Casi todos son vagabundos, porque su vida está destinada a ser así.


Me cuentan que muchas de esas personas que veo de naranja son hindúes ortodoxos y viven la vida en cuatro etapas:

1) En la primera son estudiantes, viven con su maestro espiritual y se dedican a aprender las escrituras sagradas y empezar a adquirir conocimientos. Viven con un gurú que es su guía durante esa primer etapa. El objetivo es aprender a obedecer y ser devotos de un dios.

2) La etapa siguiente está destinada a tener una familia, mantenerla, trabajar duro, entrometerse en el mundo material y cumplir con el deber. Tienen que aprender a comprometerse.

3) La tercera etapa consiste en desapegarse de todos los apegos: la familia, los bienes materiales y se retiran a vivir una vida de ermitaño, en soledad, meditando. Comienzan a practicar meditación en lugares solitarios y alejados, como los bosques, buscando la paz interior y la unión mística con dios.

4) La cuarta y última etapa consiste en vivir la vida como un mendigo religioso. Habiendo aprendido las enseñanzas, atravesado una vida terrenal comprometida y haciendo introspección en soledad, viven su vida intentando liberarse de cualquier preocupación, intentando conectar con el mundo espiritual y tratando de ascender en ese camino.

Algunos pasan años meditando en la montaña, renunciando completamente y liberándose de la reencarnación (el cuerpo). Se comienzan a preparar para la muerte, intentando liberarse del cuerpo, en vida, elevando la mente y el espíritu, para alcanzar la liberación espiritual y el completo desarrollo personal.


No es raro encontrar en todas las calles Yoguis sentados, mendigando o solamente observando, y en los mejores casos riéndose. Es muy gracioso cómo la risa es incluso terapéutica. Al final de cada clase de Yoga, unos 5 minutos están destinados a reírse, y realmente es tan contagioso que todos terminan cagándose de risa de nada. En esta ciudad la gente es incluso más alegre y despreocupada. Tirados en las escaleras a orillas del Ganges, acariciando vacas como si fueran labradores, no parecen tener una vida muy estresante. No es sólo una percepción, sino que definitivamente la buena vibra se siente.


Cuando visitamos el Ashram donde estuvieron los Beatles (una especie de “alojamiento” en la selva, acondicionado para recibir gente y hacer actividades de yoga y meditación más que nada), Rakesh – el guía que se copó y nos acompañó durante todo el día – nos contaba que en una de las terrazas con vista al Ganges, se sentaban los huéspedes con el Maharishi Mahesh Yogi a meditar por horas, y que en los principios del Ashram, sólo había gente con buenas intenciones, generando un efecto místico en el lugar donde la buena energía se percibía fácilmente (o al menos esa es la estrategia que usan ahora para venderte el paseíto).


Aunque el lugar esté abandonado desde hace varios años, los fans y artistas de distintas partes del mundo se encargaron de hacer de un punto turístico súper especial. Mensajes de paz, frases de canciones de los Beatles y dibujos, llenan las paredes de varios edificios. Los más arriesgados se animan a quedarse meditando de noche y fumando cosas raras con la esperanza de “sentir la energía de los Beatles”. Como decía Rakesh: “Crazy people”, “Crazy people”.


Ah! Otro punto que hace que esta ciudad definitivamente tenga algo, es que encontré el libro que busqué en más de 43 librerías: City of Joy (agradecimiento especial a Fede en este punto por haberme acompañado a 15). Estaba en una mini librería, al comienzo del puente, rodeado de libros de Mitología, Ayurveda y Yoga. A todos los que les quemé la cabeza con "Ciudad de la Alegría", pueden bajar la guardia porque ya lo encontré :) .

Definitivamente fue un fin de semana agitado y místico. Rafting (próximamente videos y gritos), caminatas a 42 grados (3menos que en Delhi, Yay!), elefantes, cena a la luz de la velas (tantos cortes de luz generan un mood muy romántico), luna llena posando en el medio de la montaña y la estatua de Shiva más grande que vi en mi vida (hasta ahora). Om Shanti


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© 2018 by Jessica Oyarbide.