Me quiero casar en India

No soy nada Susanita, pero después del fin de semana, esa es la conclusión a la que arribamos. Ya la exaltación empezó desde el día en que nos invitaron al casamiento. Siendo las únicas extranjeras en la fiesta, nuestra primera vez usando un Sari y medio día fuera de la oficina (la mejor parte), nuestras caras eran más o menos las mismas que cuando vas a Disney.

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Después de un viaje relativamente corto, habiendo pasado por una autopista digna de EEUU, pero volviendo a una ruta meramente India, donde las vacas son otro medio de transporte, y los camellos también, llegamos a Aligarh. El shock cultural empieza fuera de Delhi, donde comparado a otras ciudades, todo parece extremadamente normal, limpio y organizado. Realmente no sé de donde sale tanta gente, de dónde salen tantos cerdos, de dónde salen tantos mangos, ni de dónde salen tantas vacas. Pero bueno, es cuestión de acostumbrarse, como todo. Cuando llegamos al lugar del casamiento, la cantidad de adornos florales, el escenario con dos sillones y la cantidad interminable de puestos de comida, nos indicó que iba a ser un casamiento bastante poco convencional.


Una vez avanzada la noche y envueltas en Sari, después de haber dicho “awwww” unas doscientas veces por sentirnos como princesas, la boda empezó. Lleno de ornamentos, el novio llega montado en un caballo blanco. Mientras espera sentado, la novia recibe gente, regalos y buenos augurios en la habitación. Cuando es su turno de salir, amigos, familiares y músicos con instrumentos de percusión se acercan a la habitación, para rodearla y llevarla hacia el escenario, todos juntos, bailando y celebrando. En un intento de cortejo, el novio se acerca a la novia, queriendo “convencerla” de que se suba al escenario con él, pero ella “se niega”, mientras baila y festeja con quienes la están rodeando. Después de algunos minutos de festejo, él “se rinde”, la busca y la ayuda a subir con el al “trono”, donde empiezan a fotografiarse con todos los invitados.

El momento de bailar es corto pero intenso. Mezclando algunos pasos de Bollywood, bailamos al ritmo de distintos tambores. La música es muy alegre, como se puede imaginar, y los más cercanos festejan y bailan por largo rato. El casamiento en sí, transcurrió bastante monótono. El lugar era enorme, por lo que posibilita a la mayoría estar en la suya, servirse comida – mucha, mucha, mucha, MUCHA comida – y disfrutar tranquilos de la noche. Algo que me llamó la atención es que no había nada de alcohol, solo gaseosas, lassi (una especie de batido hecho a base de yogurt) y jugos de frutas. Una manera sana de divertirse y celebrar sin perder la conciencia. Nos explicaron que el horario depende mucho de la luna, de la familia, y de alguna que otra variable, pero hacia el final de la velada, algunos se cambian por ropa cómoda, y asisten al momento de los rituales. Algunos pueden durar de 2 a 5 horas, aproximadamente. Lo bueno de ir a este tipo de eventos con gente local, es que tenés a alguien que te explica constantemente qué significa cada cosa. Al ser tarde, sólo quedaba la familia, algunos amigos, familiares, dos colombianas, una alemana y una argentina, que mirábamos callados cada acto. Cada uno tiene un significado distinto, por supuesto, pero cada ritual se asocia a entrega, devoción y unión. Cada ritual es una prueba de amor y una demostración de sentimientos mutuos.


La entrega de ornamentos, flores y esencias, tiene un significado intrínseco que guía la vida de la pareja durante toda su vida. Los matrimonios juegan un rol importante en las familias en general. Muchas familias ahorran durante toda su vida, esperando el casamiento de sus hijos, y los padres no se sienten completos hasta que su hija se casa. Definitivamente son una inversión en la pareja, y depende de cada casta la duración y magnitud del casamiento. Las parejas de las castas más altas llegan a tener casamientos de hasta 7 días.

Las distintas maneras de demostrar amor y la locura que llevan en la sangre en este país, nunca te deja de sorprender. Vivir la experiencia de un casamiento tradicional indio fue una gran introducción a los rituales y simbolismos que se esconden bajo las celebraciones típicas.

Para volver a Delhi pasamos por Agra, en donde se encuentra el Taj Mahal, una descabellada demostración de amor. Hay muchas historias detrás de su construcción, pero a fin de cuentas, fue en conmemoración del fallecimiento de la mujer de un emperador musulmán en 1631, después de dar vida a su hijo número catorce.


La edificación te pone la piel de gallina. La estructura de mármol y piedras preciosas, te deja sin más palabras que “Wow”. Toda su construcción es perfectamente simétrica, desde el interior más interno, hasta el exterior más externo (y sin Autocad). 22 años para construirse, e infinitos años para apreciarse. A fin de cuentas, la dirección de turismo tuvo mucha razón al elegir su slogan. Todo termina en la misma conclusión: “Incredible India”.


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