Impresiones cubanas

Hoy es mi segundo día en Cuba. Mi primera sensación fue la de levantarme en los años '60, una ciudad llena de autos antiguos, muchos de ellos impecables, que parecieran recién salidos de una concesionaria. Casas copiadas y pegadas todo alrededor, rejas, frentes descuidados. Personas sentadas en los porches de las cosas, observando el tiempo pasar.


Decidí quedarme en una casa de familia en La Habana, la huésped se llamaba Maritza y me contó que tienen una red de unas 25 familias que se dedican a alquilar habitaciones para hacer un ingreso extra. Apenas llegué a la casa me encontré con dos parejas de españoles que inmediatamente me invitaron a unirme a su paseo. Una de las parejas venía de recorrer toda la isla en auto, así que subimos a su auto y salimos a dar vueltas alrededor de la Fortaleza para ver el famoso cañonazo que se hace al anochecer.


Esperamos a tan esperado evento observando a la luna llena frente al mar hasta las 9, en donde se escucho un ¡PUM!... y listo. Una de las parejas quería ir a la casa de la tromba, así que el conductor arrancó sin estar muy seguro de adónde ir. Qué inservible se vuelve uno sin Google Maps pienso. Después de 500 vueltas, meternos en contramano y pedirle instrucciones a unos 30 cubanos, desistimos el intento y volvimos al centro viejo para ir a comer a Montserrat, un restaurante tradicional en donde un conjunto de música deleitaba a su audiencia con sus características canciones.


Observo a mi alrededor y veo a muchas mujeres solas sentadas en las mesas. Con cortitas minifaldas y un exceso de maquillaje, esperaban que entrara alguien a invitarles un trago y luego irse con ellos. Una situación "normal" según me contaban los españoles que llevaban más de dos semanas de paseo. Terminamos nuestro trago y seguimos de paseo. El teatro iluminado, la plaza llena de personas que deambulan y pasean, los edificios con un sumo nivel de detalle, los taxis antiguos y una iluminación de película, parece un set de filmación en el que uno no comprende bien su rol.


A la mañana siguiente me quedo charlando con Maritza en el desayuno, me cuenta que simpatiza con todos los países socialistas, que en #Cuba aseguran vivienda, comida, educación, salud y seguridad, y que eso es lo básico que todo país debería asegurar. En lo que excede esos temas me cuenta que es muy flojo, pero que nadie vive debajo de un puente ni muere de hambre. Todos los hombres tienen un año de servicio militar obligatorio y luego estudian lo que elijan, y si lo que eligen no tiene cupo, tienen que buscar otra carrera.



Al salir caminando me daba la sensación de que uno estaba en una cinta mecánica en donde repetía una y otra vez la misma escena. Qué diferente es estar en un lugar en donde todo es casi igual. Camino y camino. Me incomoda el acoso callejero brutal, jamás me imaginé que un pueblo en donde la educación es de tanto renombre los hombres pudieran decirme la cantidad de asquerosidades que me dijeron al ver a una mujer caminando sola. Muchas sensaciones encontradas.


Se ven muy pocos comercios y algunos carros en la calle vendiendo verduras. Las paredes despintadas, los lugares poco abastecidos y los mobiliarios viejísimos me hace reflexionar sobre el emprender en un contexto tan adverso para ello. Un fuerte olor a asentamiento informal abunda en muchas de las calles, pero es realmente increíble no ver mendigos, personas durmiendo en la calle o pidiendo dinero abiertamente. De repente llego a un predio enorme que parecía una galería/feria. Entro con mucha intriga, porque esto del emprender en un país con características tan distintas me llama mucho la atención.



Un puesto al lado del otro con ropa que parece de feria americana y la cara del Che y Fidel en todos sus formatos, remeras, tazas, cuadras, llaveros, monedas, ¡lo que pidas!. Hablando con algunos comerciantes me comentan que hay turistas que les venden valijas enteras de ropa y con eso logran hacer una diferencia. Otra emprendedora me cuenta que es muy difícil comenzar un emprendimiento porque necesitas un buen fondo o capital inicial y es muy complejo conseguirlo. El banco sólo da préstamos a los que trabajan para el Estado y el Estado paga muy poco, lo cual desincentiva la motivación por comenzar algo propio.

Me encantaría poder conocer las opiniones de 10 cubanos aleatoriamente sin contar el factor de sesgo que puede producir el contarle su visión a una extranjera. Me resulta muy chocante ver que todo sea igual y me pregunto hasta qué punto es sano que el rol del Estado sea el de proveer las cosas básicas. Siento que el potencial se duerme cuando uno no tiene que preocuparse por subsistir y el instinto de supervivencia que muchas veces fomenta la creatividad, no osa asomarse. "Educación, trabajo, fusible" leo en muchas paredes. ¿No se supone que evolucionamos desde el amor? ¿Qué pasa con el propósito de cada persona? ¿No se limita el potencial humano al restringirle ser y hacer? Intento observar sin juzgar, pero me cuesta.







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© 2018 by Jessica Oyarbide.