Dharamsala, pequeño Tibet

Al atardecer salimos hacia el barrio tibetano. Las escapadas de fin de semana siempre son un buen plan. Esta vez, el destino era Dharamsala, la ciudad que el Dalai Lama adoptó como su refugio al exiliarse del Tibet y hogar de todos los tibetanos que siguieron el mismo destino. Fui con dos de mis compañeras de casa, Anita, mitad argentina, mitad estadounidense y Christina, una alemana que está de novia con un chico Tibetano que vive allí, Tashi.

Viajamos en un colectivo toro mecánico, con asientos un poco destartalados y amortiguadores que dejaban mucho que desear. En el pasillo del colectivo estaba la imagen del Dalai Lama rodeada de flores y banderitas tibetanas. En el asiento de adelante, un señor musicalizaba la noche con mantras. Los colectivos locales son una experiencia muy divertida cuando uno los observa con ojos ajenos.


Llegamos muy temprano, así que nos acomodamos, encontramos un lindo lugar para desayunar con vista a las montañas y una vez que comenzó a despertarse la ciudad salimos a caminar. Encontramos Tibet World, una casa cultural que ofrece tours gratuitos por la ciudad, guiados por miembros de la comunidad tibetana. En el paseo nos fueron mostrando distintos lugares en los que se reúne la comunidad y las actividades que llevan a cabo. Caminando por un comercio en donde realizaban estatuillas para vender, la guía nos mostró a Tara, símbolo femenino de Buddha, que demuestra que las mujeres también pueden llegar al Nirvana. No sabía que Buddha también tenía su representación femenino, todos los días se aprende algo nuevo.


La rutina de un líder espiritual

El Dalai Lama vive en frente al Templo principal. Nos cuentan que todos los días hace la misma rutina. Se levanta a las 4 am, medita, hace 30 minutos de elíptica, desayuna, mira la BBC, lee, luego almuerza, reza, medita, duerme y vuelve a arrancar. Al Dalai Lama no lo eligen de manera aleatoria, sino que cada Dalai Lama es en realidad la reencarnación del anterior. Éste es el XIV Dalai Lama. Existe una Asamblea Nacional que nombre a un Regente, Reting Rinpoche, que gobierna al país hasta encontrar a la próxima reencarnación y se encarga de encontrarlo. Primero consulta a los Oráculos y a los altos lamas que se sumen en profunda meditación para recibir "mensajes" sobre dónde comenzar a buscar.


En 1935, dos años luego de que muriera el Dalai Lama anterior, el regente fue a visitar el lago sagrado de Lhamoi Latso, unas noventa millas al sureste de Lhasa. En Tibet lo consideran un lago sagrado porque dicen que en sus aguas se pueden observar visiones del futuro. En el lago, Rinpoche vió tres letras: A, T, K. Supo que el mensaje era que debía buscar en la región de Amdo, en la aldea Taktser. En la visión también vió un monasterio de techo tejado y pintado en turquesa. Cuando llegaron a Taktser vieron al monasterio: Kumbum. Frente a él, había una casa muy humilde, en donde vivían varios niños. Rinpoche junto a sus lamas acompañantes cargaban varios objetos del Dalai Lama anterior, algunas copias, otras auténticas y otras que no eran de él. Le mostraron las piezas al niño y automáticamente separó las que eran auténticas expresando que eran suyas. Esa era la prueba final que necesitaban para darse cuenta de que lo habían encontrado. A los cuatro años lo reconocieron como líder espiritual del Tibet y a los seis años comenzó su educación secular.


Los buenos y los malos

Los buddhistas son muy devotos de la figura del Dalai Lama y meditar y rezar juega un rol muy importante en el día a día. Sostienen que todo es una construcción mental y buscan en su vida poder domar a la mente para que se encuentre en paz. En los templos se ven figuras de diferentes deidades, de demonios y de guías, de lucha entre la luz y la oscuridad, el bien y el mal. Me llama la atención una figura que muestra el proceso de la muerte, los miedos que atacan en forma de demonio y la luz que guía el camino. Pero en realidad, si todo es una construcción mental, ¿será que el proceso de la muerte también lo es? ¿Será que los que creen en el cielo y el infierno "verán" cielo e infierno? ¿Los que creen que sus deidades los guían, verán a sus deidades? ¿Hasta cuándo vive la mente? ¿Seguirá creando una vez que morimos?


Debate de monjas

Para finalizar el día, nos llevaron al convento de monjas buddhistas. Llegamos para la hora del debate. Según nos cuentan, en el monasterio se las instruye en distintos temas, filosofía, matemática, poesía, medicina y más, y al culminar las clases debaten sobre lo que aprendieron en el día. Se genera una discusión en donde cada una tiene que elegir una postura y defenderla, pero el debate dista de ser una charla tranquila. Parece una pelea, en donde una se sienta y la otra aplaude fuerte apuntándola, lo que simboliza que le entrega todo su amor y compasión y se lleva el sufrimiento de la otra, retirando una palma antes que la otra. Luego del ajetreado debate, se sientan pacíficamente y recitan mantras. Un momento de absoluta calma, plegado de amor. Un coro dulce y armonioso, que conmueve hasta las fibras más internas. Les enseñan a eliminar el sufrimiento desde su origen: la ignorancia, sentir compasión hacia todos los seres del planeta y amarlos.

Una vez que aprendemos a ver a los demás con ojos compasivos, podemos apreciar la realidad de manera distinta y no sentir lástima por lo que vemos, sino compasión y amor.


Cruzar los himalayas a pie

La noche llegó y el frío empezó a hacerse sentir. Nos refugiamos en un restaurante local en donde tomamos un exquisito té Tibetano y Tashi nos contó varias historias de su familia. Nos contó cómo la mayoría de los tibetanos que se asentaron en Dharamsala y en otras regiones de India, llegaron allí exiliándose del Tibet, país sometido por el ejército chino. Las tropas chinas custodian las fronteras, por lo que tienen que escaparse cautelosamente y lo suelen hacer por la noche. Caminan en la oscuridad y el frío de las montañas. El promedio de altura de la región es de 4000 metros de altura y su altura máxima es de 8000 metros, uno no puede siquiera imaginarse cuánto frío hace en la noche, pero en esas condiciones escapan miles de tibetanos en búsqueda de una vida más pacífica. Un pueblo sobre todo resiliente, y que aún así contagian un estado de paz interior y felicidad admirable.


Main Tibetan Temple

Una de las últimas mañanas decidí salir a caminar sola por la ciudad y llegué al templo tibetano principal, que queda frente a la casa del Dalai Lama. Estaba plegado de gente, siguiendo el rezo de los monjes principales que guiaban con diferentes instrumentos musicales. Me siento al fondo, cada persona sostenía su libro para rezar en una mano y en la otra su Prayer Wheel, un cilindro sostenido por un palito, que adentro contiene las escrituras sagradas y cada devoto lo gira. De esta manera, la mente se enfoca en repetir Om Mani Padme Hum mientras el cuerpo se encuentra en movimiento, generando equilibrio y esparciendo las bendiciones que se encuentran dentro de la rueda.



La gente recitaba mantras con cierto ritmo. Cierro los ojos, siento el lugar. Una hermosa energía generada por tantas personas enfocando su intención y la vibración de sus voces en el mismo rezo me conmueve hasta lo más profundo de mi. Me emociono. Abro los ojos, al lado mío un señor muy anciano me estaba mirando. Lo miro, me sonríe, le sonrío.

- ¿De dónde sos? me pregunta.

- De Argentina. ¿Usted? ¿También vino desde Tibet?

- Si, yo acompañé a His Holiness (así llaman al Dalai Lama) como soldado encubierto cuando vinimos hacia aquí.

- Qué increíble. ¿Y son amigos?

- Sii, claro que si. Nos reunimos muy seguido.


Varias personas mayores cuando pasaban cerca suyo lo saludaban, inclinaban su cabeza ante él y algunos bromeaban haciendo morisquetas. Sencillez, humildad y amor. Dharamsala es un micro cosmos que te hace sentir que entras en otra realidad, otro contexto, otra visión. Un pequeño Tibet dentro de India, que posee una sabia herencia cultural y un conocimiento invaluable que sin dudas invita a la reflexión y el silencio.

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© 2018 by Jessica Oyarbide.