Aprender a vivir hoy

menudo me preguntan acerca mis planes de vida y me resulta un tanto difícil de contestar. Como si fuera un pecado el no tener plan B, C o D, es difícil que acepten un "no sé" de respuesta cuando a uno le preguntan qué va a hacer "después".



En general, no me importa mucho la opinión ajena sobre mi vida, pero a veces me genera inseguridad. No soy del tipo de persona que tiene un manual de vida y literalmente suelo hacer cambios radicales de un día para el otro. Corazón y cabeza van de la mano. Corazón manda la mayoría de las veces. Me habla a través de mi intuición, me dice siempre la posta, pero no siempre le hago caso. Eso es lo más difícil. La intuición siempre está ahí, es una brújula poderosa pero muy sutil, que puede ir en contra de nuestros planes, elecciones y decisiones, pero es sin dudas la brújula más sincera y directa de lo "real".


Por más que lloremos y pataleemos por que queremos algo, por más esfuerzo que uno haga, si en el fondo no sentimos que las cosas son, es porque no lo son. Por más que la lista de cosas y requisitos de nuestras elecciones nos den el ok, si no sentimos que los caminos se despejan solos, hay que observar a dónde están los que fluyen.


Lo difícil después de hacerle caso a la intuición es observar y aceptar. Si nos involucramos emocionalmente con las situaciones que no nos resuenan o nos producen sensaciones negativas, no aprendemos. El reto es aceptar que las cosas se manifiestan de cierta manera externamente a causa de algo interno y ser capaces de ver con ojos de observador y no de víctima.


No sé que voy a hacer la próxima semana, no sé que voy a hacer el próximo mes, no se que voy a hacer el próximo año. Solo sé que vivo hoy, aquí y ahora. El pasado y el futuro son juegos de la mente y solo viviendo conscientes hoy, acá, se da lugar a que se manifieste lo verdadero. A fin de cuentas... cada vez que creí que estaba errándole de camino, estaba siendo dirigida a algo mejor.

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© 2018 by Jessica Oyarbide.