7 lecciones que aprendí en Bangladesh

Bangladesh no fue lo que esperaba, pero fue mejor lo que aprendí de ello, que haber cumplido mis expectativas al pie de la letra. Me enseñó creo que mucho más de lo que podría haber aprendido al haber tenido una experiencia sin tanta intensidad y tan radical. Estas son algunas de las lecciones que me enseñó este país tan diferente a mi manera de ser, pero sin dudas complejamente interesante.


1) La transparencia vale más que la intención

No estoy de acuerdo en que "el fin justifica los medios". En todo proyecto o iniciativa, sobre todo los proyectos de impacto, es fundamental cuestionarse "para qué" se está haciendo. Cuando se detecta superficialmente un problema y se comienza a trabajar para solucionarlo, sin comprender realmente su raíz ni involucrar a las personas en la solución, se genera una especie de ceguera, que logra que las personas trabajen incansablemente por "solucionar esa problemática", se invierten recursos y tiempo en ello, y al final nadie sabe realmente cuál es el para qué detrás de todo ese trabajo. Conseguir recursos y buscar financiamiento internacionalmente para solucionar una problemática que ni siquiera está clara cuál es, no es lo más honesto que se puede hacer. Vale más realizar una profunda inmersión desde la sinceridad para desarrollar iniciativas acorde a lo que realmente se necesita.


2) Si no te piden ayuda, no ayudes

No siempre las personas que ayudan al prójimo siempre son personas de gran corazón, empaticas y solidarias. Seamos realistas, ¿a cuántos de nosotros nos es fácil pedir ayuda?. Ayudar, en cierto punto también fortalece al ego, implica verticalidad y creer que hay una incapacidad en el otro de ayudarse a sí mismo, que requiere de alguien externo que le provea la solución que necesita. Cuando la ayuda se vuelve una imposición en la manera de hacer las cosas y no se hace con una real capacidad de escucha y flexibilidad, se genera un parasitismo en donde el ayudado no logra acudir a su creatividad e instinto para encontrar por sí mismo la solución a su problema y requiere que constantemente se le diga qué hacer, anulando todo tipo de habilidad innata y menospreciando su capacidad para resolver problemas. Antes de ayudar a otro porque uno sienta que uno puede y el otro no, pregúntale, ¿te gustaría que te ayude?.


3) Cuestiona todo y a todos

"Es así" son dos palabras muy peligrosas, porque dan lugar a que se desarrollen comportamientos cuestionables, aplaudidos por el mundo entero sin conocer su trasfondo, sin entender en profundidad diferencias culturales y admirar algo al verlo recortado de su contexto y analizado desde otra visión. El sesgo es inevitable. Cuando escuchamos la típica historia del Canadiense que se fue a vivir a una tribu en Kenya y fundó una escuela lo aplaudimos, "qué bien, qué valiente", cuando no sabemos que en realidad quizás está sacando mucho más provecho del que debería, utilizando esa iniciativa para canalizar financiamiento, exponiendo a niños sin realmente generar un impacto positivo en sus vidas. Esa situación se da en todo el mundo. Por eso antes de aplaudir y admirar a alguien por lo que dice, analicemos qué hace y cómo lo hace. Cuestionar desde la inocencia e ignorancia, nos permite entender las cosas desde un lugar más realista y sincero. Cuestionar lo que nunca se cuestionó, sin dudas genera replanteos y en el mejor de los casos, mea culpa de lo que se hace.


4) La vulnerabilidad nos vuelve más humanos

Ahí estaba yo. En ese cuarto de hotel con muy poca luz, el sonido incansable de las bocinas 24/7, una angustia enorme en la garganta y la difícil decisión de irme de Bangladesh 2 meses antes de lo planeado porque sentía que nada ahí estaba bien y que no iba a lograr ninguno de mis cometidos si me quedaba. Estaba a 16.000 km de distancia de mi país, un pasaje de vuelta a Argentina dentro de 3 meses que partía desde India y la completa incertidumbre de cómo se desenvolverían los próximos meses. Son esos momentos bisagra que nos fuerzan a deshacer nuestras construcciones mentales, nuestras expectativas y objetivos para pasar a escuchar y seguir a la intuición, entregándose en el proceso. De un día para el otro la vida puede cambiar radicalmente y si no nos permitimos ser vulnerables, es probable que no demos lugar a que los caminos se desenvuelvan solos frente a nosotros.


5) Analizar sin contextualizar nos puede llevar a conclusiones erróneas

Cuando desde la ignorancia se habla de cosas que suceden en otros países, no hacemos más que reiterar información que carece de veracidad y en muchos casos, de empatía. "Escuché que la India es re sucia", "el otro día leí que en Bangladesh salvaron a miles de la pobreza", "pobres mujeres, tienen que estar todas tapadas"... uno no puede analizar una realidad tan distante juzgando desde una visión moldeada, educada en algunos casos, y criada en un contexto tan diferente. Arraigar creencias sin juzgarlas puede llevar a generalizaciones peligrosas y poco empaticas. Estando en Bangladesh, ni que hablar viviendo en India, me han hecho preguntas o afirmaciones sobre cómo las cosas son o no son en cierto país, que quedan resonando dentro de mi cabeza y me hacen pensar en cómo los seres humanos somos capaces de afirmar cosas sin sentido o generalizar sobre cómo la gente es en países que tienen más de 160 millones, como en el caso de Bangladesh o 1200 millones como el caso de India. Preguntar está buenísimo, es una de las mejores maneras de conocer algo desconocido, pero no analicemos cosas que nos son tan distantes.


6) Trabajamos con personas para personas

Escondernos atrás de roles muchas veces nos desenfoca de lo que estamos haciendo o de lo que queremos lograr. La ONG, la multinacional, el gobierno... a fin de cuentas todos son personas que trabajan con y para otras personas. Ningún rol vale más que el otro porque cada cual aprende desde distintos lugares en la vida. Mientras menos etiquetas pongamos y más personas comprendan desde su accionar que casi siempre todo se trata de personas, los procesos de trabajo y los proyectos serán mucho más honestos y compasivos.


7) Los peores fracasos son los mejores aprendizajes

Enfrentarme a mis expectativas chocar con la realidad de manera tan violenta y tener que observarme en esa lucha interna de aceptarlo o no, fue quizás de los momentos más duros que he vivido. Decepcionarse y frustrarse de una manera tan profunda te lleva a observar cuán peligrosa puede ser la mente al idealizar personas o historias, volcando expectativas vacías en algo externo a uno. Fracasar en los objetivos está buenísimo, porque te enseña que por más metas y objetivos concretos uno fije, siempre, pero siempre, la voz que va a mandar en el camino hacia la concreción de los mismos, es la intuición. Podemos escucharla e ignorarla, pero cuando la seguimos, puede llevarte a puertos que nunca creíste que existían.



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© 2018 by Jessica Oyarbide.