10 razones para pirar en India

Retomando mi cuaderno de viaje, voy a terminar de pasar algunas de las reflexiones de mis últimos días en Delhi. La fuente de inspiración de este post fue el momento en que me puse a armar las valijas y me di cuenta de que tenía más ropa Hippie que lo normal... Las situaciones y circunstancias en las que se puede vivir ahí, te llevan a que las cosas banales terminen de pasar a un plano en que son irrelevantes, y lo que valoras, no se puede ni monetizar ni explicar fácilmente. Como dijo Max Muller: "Si se me preguntara bajo qué cielo la mente humana ha meditado con profundidad acerca de los problemas más grandes de la vida y ha encontrado, para algunos, soluciones que bien merecen la atención hasta de aquellos que han estudiado a Platón y a Kant, habría de señalar a la India." Vivir en India, por una u otra razón, llevan a que uno tienda a dejar salir el lado más hippie que tiene. Éstas son algunas de las razones:

1) Muéstrame cómo te vistes y te diré cuánto te cobro.

En un año, ha sido posible realizar una investigación cuasi científica, donde en reiteradas oportunidades, he salido luciendo una combinación incombinable de colores y estampados, y las tarifas ofrecidas por los conductores de autorickshaw, han disminuido sustancialmente, comparado a las veces en que he estado “bien vestida”. Si estás mal vestido, te van a cobrar menos. Si estás bien vestido, te van a cobrar más. Esta hipótesis aplica tanto para autorickshaws como para mercados (tipo feria), y carros de frutas y verduras de la calle. Al contrario de ver beneficios en usar minifaldas (que no son buena idea en absoluto), mientras más roñoso andes, mejor.

2) ¿Ojotas con medias? Dale que va.

Algunos alemanes se jactan de ser parte de esta moda, pero en magnitud, India siempre va a llevar el apunte. Aproximadamente 15 de cada 20 mujeres que anda en la calle en invierno, va a andar en medias y ojotas. No solo para ir a comprar algo, sino también para ir a trabajar. Regla infalible, no deben combinar ni los colores ni los estampados. Las ojotas pueden reemplazarse por cualquier tipo de sandalia abierta o tacos. Salir así por primera vez, es un camino de ida.

3) Carpe Diem. 

Vivir inmerso en caos, tener que negociar cada vez que tomas un auto, sorprenderte cuando no se escuchan bocinas, hacer miles de papelerios sin sentido ante autoridades, hacer las paces con el ratón que vive abajo de la heladera, que una vaca te ponga la cabeza arriba de la mesa en la que estás comiendo y despertarse en el tren con una cucaracha al lado de tu oreja, son todas situaciones que te llevan a desarrollar una actitud muy “let it be”. De nada sigue enojarse, angustiarse o frustrarse por cosas que no podes controlar. Después de todo, no son tan graves…


5) “Ya fue”.

Dos palabras que devienen en una gran cantidad de anécdotas, de esas que le contas a tu familia una vez que ya lo hiciste, o de esas que decís “…cualquiera”. Como viajar 4 mujeres solas, rodeadas por 13 tipos que no hablan inglés, un par de ellos durmiendo sobre tus pies, pero al final terminan siendo tus amigos y te comparten bananas y galletitas; o viajar 7 personas en un mismo rickshaw; o pegarse a los pies de Manu Chao en un recital, al punto que te toque la cabeza por agradecerle la visita; o llevar a un Dj de Tomorrowland a un after party que estaba cerrado (ja); o andar en moto en el medio de la lluvia torrencial del monzón; o subirse a un tractor repleto de gente porque la gente te hace señas de que te subas. Todo porque… “ya fue, vamos”.

4) Tener un porcentaje elevado de problemas mentales, es mandatorio.

La locura. Gran tema de debate en una casa llena de locos. Después de haber llegado a la conclusión de que ninguno de nosotros se consideraba “normal”, uno de mis amigos dijo: “todo el mundo parece normal, hasta que lo conoces”. Y es así, todas las personas que son más cercanas a nosotras demuestran su lado de locura cuando están en confianza. Pero en India la cuestión pasa por un porcentaje de locura bastante elevado, que lleva a conectar con gente que estátotalmente loca, y la sintonía entre locos, es una locura, que de seguro te va a sacar unas cuantas lágrimas de risas.

6) Om Shanti.

India es un caos, eso no es novedad. Pero si tanta gente va en busca de la paz interior, por algo es. Además de estar repleto de Ashrams y lugares sagrados, el caos también te da unas cuantas lecciones. El caos está, no podes cambiarlo, lo único que podes cambiar es tu actitud hacia él. Por eso no me parece estresante que se oigan bocinas constantemente, que estén a punto de chocarte al menos 3 veces por día y que te hablen a los gritos. A veces te colma un poco la paciencia, hay que reconocerlo, pero en general no te molesta, solamente hay que aceptarlo. Vivir en estado de aceptación hacia lo que te rodea, te permite estar en paz con vos mismo y hacerte inmune al caos externo. “El mundo externo es un reflejo de tu mundo interno”.

7) La ley de la selva.

Volviendo al tema del caos, hay que derribar completamente el significante de “fila” de la mente. Si hay algo entre el mostrador o la entrada al templo o la fila para comprar tíquets, y vos, no es una fila, sino un malón. Hay dos tácticas efectivas para lograr tu cometido: a) empujas a todos metiéndote en el medio elevando tu mano triunfalmente para que te atiendan o simplemente para poder pasar; ó b) te dejas estar hasta que la masa te va llevando hasta adelante, y llegas a tu objetivo. Ante todo, hay que tomarlo tranqui, si te estresa la situación vas a aprender a que no lo haga, quieras o no.


8) ¡Peligro! A punto de pirar para el carajo

Convengamos que India es un destino bastante renombrado cuando de “pirar” se habla. No es algo que se te podría cruzar por la cabeza una, sino varias veces. Hasta en los pueblos más remotos y no turísticos uno se cruza extranjeros que en algún momento decidieron “dejar todo” y se fueron a vivir todo. Jamás hubiese esperado ver tantos rusos y algunos españoles en el Iskcon temple de Mathura, pero estaba lleno. Un español, que vivía ahí hace tres años, dijo “India tiene un magnetismo, llegué hace tres años y nunca me fui”. Él, como varios, pasaba sus días entre Yoga y meditación, haciendo trabajos comunitarios y ayudando en el templo. Si tenes tendencia a pirar fácil, Rishikesh te puede jugar sucio. Si yo hubiese pirado (¿del todo?) me hubiese quedado ahí.

9) ¿Supermercado?

Hace unas semanas hablaba con una chica que decía ser adicta a los supermercados, tenía que ir al menos una vez por semana, por las dudas. Casi la infarto cuando le dije que en Delhi todavía no hay supermercados. Por lo menos no en todos lados. No existe el concepto de SUPER mercado. A lo sumo, lo que podes encontrar en los mejores barrios es un 24/7, al mejor estilo AM/PM de estación de servicio, o algún mini mercado donde venden productos importados, que te cobran un ojo de la cara, o también podes encontrar algún que otro barrio con varios negocios tipo almacén. No más. Es raro pensar en no ir al supermercado, pero es mucho más práctico que no exista. Solo tenes que aprender qué carro de la calle tiene mejor verdura, fruta, dónde comprar leche fresca, y listo. Con una escapada al mini-mercado cada tanto, estas hecho.

10) Sé quien sos, está todo bien.

Es una cultura muy distinta, y a pesar de que a veces la sociedad demuestra ser bastante conservadora en algunos aspectos, uno no es nada más que “uno más”. En realidad, es así en todos lados, pero cuando el entorno te influye y las normas sociales te limitan en aspectos que limitan tu capacidad de “ser”, te podes llegar a apagar un poco. Vivir en un lugar así, donde si te miran constantemente no es porque vayas mal vestido, sino porque sos distinto o porque estás haciendo una locura, y te devuelven miradas con sonrisas en vez de con ceños fruncidos, cae bien. Tenes presente que no sos nadie, pero que sos alguien muy único al mismo tiempo, si sintonizas seguro vas a tomar una actitud más positiva en todo, a crear una realidad acorde a cómo te sentís y a adoptar un punto de vista nuevo, donde no hay lugar para juzgar, para malas vibras o para cosas que no te hacen bien. Después de todo, aprendes a ser más auténtico.

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© 2018 by Jessica Oyarbide.